Todos los días deben ser de las madres

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Por Altagracia Paulino

Todos los días deben ser de las madres. Ellas son de sus hijos siempre. No importa si son grandes o chicos, siempre están ahí, pendientes de cada acontecimiento y dispuestas a darlo todo por el bienestar de sus hijos y de su familia.

Si fuera por el amor maternal, el mundo sería distinto. Es el más puro de los amores. Viene envuelto en la ternura, la bondad y ese sentimiento indescriptible que siente una cuando le entregan en los brazos a esa criatura de la que sabemos que dependerá de nosotras hasta que se pueda valer por sí misma.

La canción de cuna la crearon las madres. Y también quienes, con una sensibilidad asombrosa, como Atahualpa Yupanqui, recopilaron letras nacidas del dolor y la ternura. Ahí está aquella canción de las madres esclavas que tenían que trabajar sin paga y aun así llevarles de comer a sus hijos. Esa fue la favorita de mis hijos y la popularizó Mercedes Sosa: “Duerme, duerme, negrito, que tu mamá está en el campo, negrito”. Toda una generación la cantó.

El canto a la madre es una forma hermosa de expresar el amor y recíprocar, aunque sea con poco, el desinterés con que las madres se ocupan del bienestar de sus hijos. En la madre el amor se vuelve poema, y cuando somos adultos añoramos los abrazos y las palabras que nos decían cuando nos acunaban y expresaban su ternura.

Por eso, muchos artistas famosos volvieron emocionalmente a la infancia y cantaron a la mujer que los sostuvo en la vulnerabilidad obligada de los primeros años y cuando comenzaban a dar los primeros pasos.

Nosotros tenemos el himno a las madres, escrito por doña Trina de Moya, esposa del presidente Horacio Vásquez. Ha permanecido a través de los años, pese a su ubicación en la sociedad rural que éramos a inicios del siglo XX: “¿Quién, como una madre, con su dulce canto nos disipa el miedo y nos calma el dolor?”.

Artistas famosos han cantado a las madres al añorar su infancia a su lado. Roberto Carlos con “Lady Laura”, José José con “Madrecita del alma querida”, Rocío Jurado con “Algo se me fue contigo, madre”, y otras canciones nos hacen recordar a ese ser único que ama de manera desinteresada y a quien debemos la vida.

Cómo olvidar “Amor eterno”. La compuso Juan Gabriel tras la muerte de su madre. Es desgarradora por el sentimiento expresado en ella. Es verdad que el amor de madre es eterno, inolvidable: “Cómo quisiera que tú vivieras, que tus ojitos jamás se cerraran”. Esa canción es un himno.

El último domingo de mayo es nuestro Día de las Madres y, como hija, igual que todos los que tuvimos una madre, entiendo perfectamente aquello de “algo se me fue contigo, madre”, “las raíces de mi vida y de mi sangre”.

A mi madre le gustaba sembrar, y a mí también. Siento que algo de ella me acompaña y algo mío se fue con ella. Hace 31 años que se fue y todos los días la recuerdo por lo que fue, por su significado en nuestras vidas: su honestidad, sus valores, su energía y la fuerza moral con que nos transmitió su ejemplo. Muchas cosas se me fueron con ella, pero otras quedaron en mi corazón mientras viva.

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