¿Estamos preparados o seguimos confiando en la suerte ante un terremoto?

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Por Altagracia Paulino

Los terremotos no avisan. No respetan fronteras, niveles económicos ni momentos históricos. La pregunta no es si República Dominicana puede ser afectada por un sismo de gran magnitud, sino cuándo ocurrirá y qué tan preparados estaremos para enfrentar sus consecuencias.

Nuestro país se encuentra en una zona de actividad sísmica importante del Caribe, donde interactúan fallas geológicas capaces de generar movimientos fuertes. Sin embargo, el mayor riesgo no está solamente en la fuerza de la naturaleza, sino en nuestra vulnerabilidad como sociedad.

Recuerdo muy bien los argumentos con los que, en mayo de 2011, siendo directora de Pro Consumidor, nos opusimos al ingreso al país de un cemento proveniente de Jamaica porque no cumplía con las normas establecidas por el Ministerio de Obras Públicas. Si los materiales de construcción no se sujetan a las normas, ponen en riesgo a los usuarios de las viviendas, sobre todo frente a un sismo de gran magnitud.

¿Se cumplen realmente las normas de construcción antisísmica? ¿Los edificios que habitamos, las escuelas donde estudian nuestros niños, los hospitales donde buscamos atención y las infraestructuras públicas están preparados para resistir un evento como el de Haití en 2010?

La seguridad de una construcción no depende únicamente de su apariencia. Un edificio puede verse moderno y aun así presentar debilidades si no se respetaron los estudios de suelo, los diseños estructurales adecuados, la calidad de los materiales o la supervisión en la obra.

Aquí surge una pregunta incómoda: ¿tenemos una cultura de cumplimiento o una cultura de permisividad? Las regulaciones existen, pero una norma solo protege vidas cuando se aplica, se supervisa y se respeta. Usualmente los reguladores no cumplen su función en este país.

También debemos preguntarnos si la población está informada. Muchas personas saben que puede ocurrir un terremoto, pero pocas conocen qué hacer durante los primeros segundos, cómo preparar una mochila de emergencia, dónde reunirse después, cómo actuar en escuelas y lugares de trabajo o cómo evitar el pánico colectivo. La educación sísmica debe formar parte de la cultura ciudadana.

Otro punto fundamental es la calidad de los materiales de construcción. El cemento, el acero, los bloques y otros componentes utilizados en las edificaciones deben cumplir estándares de calidad. Una estructura resistente depende tanto del diseño como de los materiales. La falta de controles efectivos puede convertir una amenaza natural en una tragedia humana.

La experiencia internacional demuestra que los terremotos no tienen que convertirse necesariamente en catástrofes. Los países que reducen las pérdidas son aquellos que invierten antes del desastre: fortalecen sus códigos de construcción, fiscalizan, educan a la población y preparan sus sistemas de emergencia.

 

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