Verificar etiquetas de los alimentos es un derecho del consumidor

Verificar etiquetas de los alimentos es un derecho del consumidor

Está demostrado que la cantidad de sal, azúcares y grasas saturadas constituyen una gran amenaza para la salud de los humanos y que enfermedades crónicas como la hipertensión y la diabetes, entre otras, están relacionadas con la ingesta de los aditivos señalados.

En varios países de la región, la industria, de manera voluntaria, se ha decantado por la reducción de azúcar en las bebidas para niños, principalmente luego de que organizaciones de consumidores lo hayan exigido, como es el caso de la Coca Cola en México, en Perú y en Chile.

Una gran cantidad de restaurantes ha decidido eliminar los saleros de las mesas y ofrecen información en el menú sobre las calorías que contienen los alimentos que ofrecen.

Lo mismo ocurre con los contenidos de OGM (Organismo Genéticamente Modificado), algo que se logró luego de más de una década de debate porque el gobierno de los Estados Unidos se negaba a acatar la decisión que habían adoptado otros países como los de la Unión Europea.

El debate sobre los alimentos transgénicos surgió desde el año 1999 y fue en el 2011, durante la administración del presidente Barack Obama, cuando Estados Unidos decidió colocar en las etiquetas los componentes de OGM, y así ha sido.

La FDA decidió la ampliación de los caracteres y por ende de la información nutricional en las etiquetas de los alimentos para que los consumidores ejerzan el derecho a la información y puedan tomar decisiones acertadas a la hora de invertir en la alimentación.

Pero lo más trascendente en esta materia acaba de ocurrir en España, donde unos 400 fabricantes se comprometieron a reducir el azúcar añadido, las grasas saturadas y la sal en sus productos.

Las empresas firmaron un acuerdo con el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social de España, lo que implica reducir en un 10 por ciento el uso de los aditivos en la fabricación de sus productos, y lo asumen con el compromiso de mejorar la salud de los consumidores.

El referido Ministerio se mostró preocupado por la obesidad y sobrepeso en la población española, considerada la más alta de Europa, según la cual el 54 por ciento de la población adulta tiene sobrepeso, el 17% es obeso; el 40 por ciento de la población infantil tiene sobrepeso y el 18 % es obeso según la información dada a conocer tras el acuerdo el pasado martes 22 de enero.

Las empresas que se sumaron al acuerdo están relacionadas con la producción de bebidas refrescantes, bollerías y pastelerías, cereales de desayuno infantil, cremas, derivados cárnicos, galletas, helados, néctares de frutas, panes especiales, productos lácteos entre otros.

La justificación para la medida expresa que la sal está relacionada con problemas de salud como la hipertensión y la obesidad. La sal será bajada en un 14 por ciento en las papas fritas, un 16 en los preparados cárnicos un cinco por ciento en las salsas.

Se propone la reducción de azúcar por igual en la mayoría de los productos, incluyendo embutidos y jamones, néctares y bebidas refrescantes.

Pese a que Europa tiene uno de los niveles de seguridad alimentaria más altos del mundo, España tiene mucha preocupación por la obesidad y el sobrepeso detectado en investigaciones recientes.

En nuestro país todavía no se resuelve el problema del etiquetado en el idioma que se habla, por lo que la información veraz como derecho se le niega al consumidor.

 

Por Altagracia Paulino

Fuente: El Periódico Hoy