¿Por qué se les atribuyen a los gobiernos todos los males?

¿Por qué se les atribuyen a los gobiernos todos los males?

Por Altagracia Paulino 

Porque los gobiernos llegan al poder basados en promesas y al asumir la administración del Estado recae sobre ellos la responsabilidad de dar respuestas satisfactorias, tanto a esas promesas como a las inagotables demandas de los ciudadanos.

Los avances alcanzados por la humanidad en el proceso de su desarrollo han permitido conquistas que se convirtieron en derechos, la mayoría de los cuales han sido consagrados en las constituciones y las leyes como forma de reglamentar la convivencia entre todos.

Las normas constitucionales y legales se encargan de poner los límites a los poderes, con el fin de que los gobernantes realicen una administración prudente, ética, justa y equilibrada para beneficiara todos.

De un gobierno municipal, que es donde comienza a funcionar la democracia, se espera que el saneamiento, el respeto por los espacios públicos, la recogida de la basura, entre otras acciones, sea la norma y si esta se rompe, lo lógico es que surjan voces reclamando su cumplimiento.

Lo mismo ocurre con los servicios que debe suministrar la administración general del país, que es la que maneja los recursos públicos, esos que todos aportamos a través de los tributos. Con mucha razón la gente alega que cuando los gobiernos regalan, no usan dinero de sus bolsillos, sino el que todos aportamos para que no nos falte nada, pero nos falta siempre.

De ahí que hasta cuando hace calor hay quienes suelen decir “en este gobierno si hace calor” porque también el gobierno lo centraliza todo y por tal razón se le exige. Cuando los gobiernos locales fallan, la culpa se le atribuye al gobierno central, porque en los gobiernos presidencialistas como los que hemos tenido, las instituciones son muy débiles, dependen de lo que diga el Presidente.

La administración debe ser una coordinación donde confluyan todas las instituciones llamadas a ejercer el poder para facilitar la vida en común. Según Aristóteles, en sus diálogos con Platón, las ciudades se fundan por razones éticas y morales, surgen por la necesidad de ayudarse los unos a los otros y como consecuencia fluye un gobierno común compuesto por los mejores ciudadanos.

Los partidos políticos, los grupos organizados con fines de contribuir con la construcción social basada en la ética, deben generar ideas importantes y hacer posible la búsqueda de soluciones a los problemas comunes.

Estas agrupaciones son maquinarias que se han articulado para alcanzar el dominio del poder, en sus inicios con propósitos y promesas que parecen idóneas y capaces de unificar a toda la población que, confiando en los dirigentes su destino y el de sus familias, ofrecen su apoyo, antes de manera incondicional, pero últimamente condicionado, a veces por prebendas.

Lo más importante de la democracia es la posibilidad de cambiar cada cierto tiempo a los dirigentes, dar paso a los cambios porque de los mismos ocurren las transformaciones para avanzar.

Pasadas las promesas de las campañas electorales, un ejercicio interesante puede resultar el concurso de todos los participantes, unirse en los puntos comunes y coordinar la mejor manera para su realización, siempre que las intenciones sean para un país mejor y de proveer de calidad la democracia.

Si los gobernantes dan apoyo a las instituciones para que realicen sus funciones conforme a las leyes y normas que las regulan, los ciudadanos les reclamarán a cada cual por su ineficiencia y no le atribuirán al gobierno todas las faltas.

Y, como el gobierno central maneja todos los recursos, los ciudadanos creen que tiene, también, todas las posibilidades de resolver cada problema; y si no lo hace, es un mal gobierno.

 

Fuente: El periódico Hoy