La información, además de poder, es un derecho

La información, además de poder, es un derecho

El derecho a saber forma parte de los derechos de tercera generación, estar debida y suficientemente informado nos otorga el poder de tomar decisiones acertadas en cada uno de los actos de nuestras vidas.

Se le atribuye al inglés Francis Bacon la frase “el que tiene la información tiene el poder”, entre otras expresiones que nunca mueren pese a que se hayan dicho en el siglo XV. La diversificación de la inmensa fuente por la que nos llega la información nos permite discriminar y hasta elegir la que nos da poder para incidir en el bien hacer.

En esta era de la llamada posmodernidad, que es también de la posverdad, la mentira ha tomado cuerpo como para desconfigurar la verdad, al extremo de que las noticias falsas llaman más la atención que las verdaderas y se nos hace muy difícil descubrir la verdad en un mundo con tantas mentiras flotando como pompas de jabón.

La información es fundamental para la toma de decisiones, comenzando por el hogar, la familia, la empresa y todo lo que conforma la vida cotidiana. El dato es la base para la información que nos lleve al conocimiento, si no contamos con estas herramientas es imposible edificar al ciudadano para que sustente su accionar y le sirva para enfrentar los desafíos que representa la existencia.

Todo este preámbulo se me hace necesario para calificar como un grave error el hecho de que no se le informe debidamente a la población que estamos atravesando por una grave epidemia de dengue, incluyendo el hemorrágico y que le ha costado la vida a cerca de medio centenar de dominicanos en lo que va del año.

Hasta ahora se cuentan en tres mil cuatrocientos cuarenta y tres los casos registrados desde enero hasta la fecha, lo cual casi duplica la cifra de los ocurridos el pasado año. Una publicación del martes 23 del presente mes de julio, da cuenta de que en los hospitales se tiene prohibida ofrecer información sobre el dengue.

Las alarmas son necesarias cuando está en juego la vida; si estamos ante una epidemia hay que decirlo a la gente para que reaccione y tome las medidas de lugar.

La epidemia no es culpa del gobierno, ni del ministro de Salud Pública, es simplemente porque las condiciones climáticas son propicias para que se reproduzca el mosquito que transmite la enfermedad.

Para que haya dengue no hay que esperar el verano, conocemos de casos donde en plena Navidad hay que llevar a alguien al médico porque tenía dengue; eso significa que tenemos de manera endémica y permanente la presencia del Aedes Aegypti, el mosquito que no solo transmite el dengue, sino otras enfermedades epidémicas.

La incidencia de dengue también está relacionada con el almacenamiento de agua, muchas personas que residen donde no llega agua, deben almacenarla y los envases se convierten fácilmente en criaderos del mosquito.

Entonces es un deber de las autoridades decirle a la población toda la verdad sobre la epidemia, el conocimiento sobre la misma es la mejor arma para prevenir la incidencia del mal. Los datos sobre la enfermedad son de suma importancia para el conocimiento y el derecho a saber es fundamental para “curarnos en salud”, en el caso del dengue y de cualquier otro mal que nos afecte.

Nada mejor que la verdad para generar confianza, cuando se oculta algo, crea sospecha y la misma genera desconfianza, lo cual es un mal endémico también. Tenemos crisis de credibilidad, y eso es muy grave para el desarrollo de una sociedad sana. La verdad nos hace libres.