La Industria del Azúcar Encubrió las Evidencias Para Ocultar los Daños del Azúcar

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Por el Dr. Mercola

Varias investigaciones recientes revelaron una verdad significativa: Desde hace mucho tiempo, la industria azucarera ha sabido que el consumo de azúcar desencadena una mala salud, sin embargo, ocultó la información incriminatoria tal como la industria tabacalera escondió la evidencia que vincula el tabaquismo con el cáncer de pulmón.

La más reciente de estas investigaciones, que se basa en documentos históricos que salieron a la luz, descubrió que la industria azucarera encubrió las evidencias de la década de 1960 que relacionaban el consumo de azúcar con las enfermedades cardíacas y el cáncer.

Esa investigación no volvió a ver la luz hasta que Cristin E. Kearns, profesora asistente de la Facultad de Odontología de la USCF, descubrió documentos internos de la industria escondidos en los archivos de varias universidades.

La revelación de estos documentos ha resultado en tres artículos por separado que demuestran cómo la industria ha engañado sistemáticamente a los funcionarios públicos y de salud pública acerca de los peligros del azúcar.

Los correos electrónicos obtenidos por las solicitudes de la Ley de Libertad de Información también revelaron el plan corporativo de Coca-Cola para contrarrestar las advertencias alimenticias contra el consumo de soda–tácticas que incluyen reestructurar la información existente y crear nuevos estudios, trabajar con organizaciones científicas e influir en los responsables políticos.1

En términos generales, las pruebas claramente revelan que la industria alimentaria tiene un solo objetivo principal, y es hacer dinero, sin importar el costo sobre la salud humana.

Recomendaciones Alimenticias Influenciadas por la Industria Azucarera
En 2016, Kearns y sus colegas publicaron un artículo2 en la Revista de la Asociación Médica Americana (JAMA, por sus siglas en inglés) de Medicina Interna, que detalla la influencia de la industria del azúcar en las recomendaciones alimenticias.

En él, revelaron cómo la industria ha pasado décadas manipulando, moldeando y guiando la investigación nutricional para exonerar al azúcar y culpar a las grasas saturadas en su lugar. Según lo informado por The New York Times:3

“Los documentos demuestran que un grupo comercial llamado Sugar Research Foundation, conocido hoy en día como la Asociación del Azúcar, pagó a tres científicos de Harvard el equivalente a unos $50 000 en dólares actuales para publicar una revisión de investigaciones de 1967 acerca del azúcar, las grasas y las enfermedades del corazón.

Los estudios utilizados en la revisión fueron seleccionados por el grupo de azúcar, y el artículo,4 que fue publicado en el prestigioso New England Journal of Medicine, minimizó el vínculo entre el azúcar y la salud cardiaca, además, puso en entredicho el papel de las grasas saturadas.

Aunque el tráfico de influencias revelado en los documentos data de hace casi 50 años, informes más recientes demuestran que la industria alimentaria ha seguido influyendo en la ciencia de la nutrición”.

Kearns también se asoció con el escritor y periodista científico Gary Taubes para escribir la exposición “Las Dulces Mentiras de Big Sugar”.5 En la que ambos señalan que una de las principales estrategias utilizadas por la industria ha sido simplemente sembrar dudas sobre estudios que sugieren que el azúcar es dañino.

Esta táctica para ganar tiempo, donde se necesitan más investigaciones antes de llegar a una conclusión, ha funcionado de maravilla durante cinco décadas. Los científicos pagados por la industria, quienes trabajaron en grupos federales también se aseguraron de que los grupos dependieran de estudios financiados por la industria que indultaban al azúcar.

La Industria Encubrió Investigaciones que Vinculaban al Azúcar con las Enfermedades Cardíacas y el Cáncer
El último artículo,6,7,8 que se basa en los documentos históricos descubiertos por Kearns, se publicó en PLOS Biology el 21 de noviembre. En él, Kearns y sus colegas se enfocan en la investigación industrial que relaciona la sacarosa con la hiperlipidemia y el cáncer, y en cómo y porqué dicha investigación fue finalmente enterrada.

En 1968, la Sugar Research Foundation, que más tarde se convirtió en la Asociación del Azúcar, financió un proyecto con animales para determinar el impacto del azúcar en la salud del corazón.

Teniendo en cuenta lo que sabemos hoy, no es una sorpresa saber que el estudio demostró que el azúcar promueve las enfermedades cardíacas. Sin embargo, el mecanismo de acción sugiere que el azúcar también podría causar cáncer de vejiga.

En ese punto el estudio fue clausurado. Los resultados nunca fueron publicados. El coautor Stanton Glantz, profesor de medicina de la UCSF, le dijo a The New York Times9 que este último informe continúa “sustentando el caso de que la industria azucarera tiene un largo historial de manipulación de la ciencia”.

En una declaración pública,10 la Asociación del Azúcar rechazó el informe, calificándolo como “una colección de especulaciones y suposiciones sobre eventos ocurridos hace casi cinco décadas, que fue financiado y llevado a cabo por un grupo de investigadores, personas y organizaciones que son conocidos críticos de la industria azucarera”.

De acuerdo con la asociación, quien confirmó la existencia del estudio, la investigación no se cerró a causa de los resultados adversos, sino a los retrasos que lo hicieron rebasar el presupuesto.

La Industria Sostiene que el Azúcar Es Parte de un Estilo de Vida “Equilibrado”
La Asociación del Azúcar también proclamó con descaro: “sabemos que el azúcar que se consume con moderación es parte de un estilo de vida equilibrado…” Pero, ¿en realidad es así? Y, ¿en realidad qué es un estilo de vida “equilibrado”? ¿Mitad veneno, mitad nutrición saludable? No sé para usted, pero para mí eso no es la fórmula de un estilo de vida saludable.

Es como decir que fumar con moderación es parte de un estilo de vida saludable y equilibrado–una afirmación que muy pocos se creerían hoy en día.

Aquí solo hay un ejemplo reciente de lo que logra ese tipo de estilo de vida “equilibrado”. Los investigadores de la UCSF concluyeron que los niños que beben bebidas azucaradas tienen telómeros más cortos que el promedio, lo que se asocia con un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas y menor esperanza de vida.11 Según el autor:

“Incluso a niveles relativamente bajos de consumo de bebidas azucaradas, descubrimos que la frecuencia con que los niños pequeños tomaban bebidas endulzadas con azúcar se asociaba con la longitud de los telómeros, lo que refleja la relación que se ha encontrado en algunos estudios con adultos”.

Big Sugar y Big Tobacco
La campaña de la industria azucarera de los años 60 para contrarrestar las “actitudes negativas hacia el azúcar” al financiar estudios que arrojaban resultados favorables, fue dirigida por John Hickson, un ejecutivo de la Asociación del Azúcar que trabajó para el Cigar Research Council. Como se señaló en The New York Times:12

“Como parte de la campaña de la industria azucarera, el Sr. Hickson pagó en secreto a dos influyentes científicos de Harvard para publicar un importante artículo de revisión en el año de 1967, el cual minimizó el vínculo entre el azúcar y la salud cardíaca y culpó a las grasas saturadas en su lugar…

Hickson abandonó la industria azucarera a principios de la década de 1970 para trabajar en el Cigar Research Council, una organización de la industria del tabaco.

En 1972, un memorando interno de la industria tabacalera sobre el Sr. Hickson señaló que tenía fama de manipular la ciencia para lograr sus objetivos.

El memorando confidencial de la tabacalera describía al Sr. Hickson como “un político científico sobresaliente que había tenido éxito en condenar a los ciclamatos, en nombre del Consejo de Investigación sobre el Azúcar, con pruebas un tanto inconsistentes”.

Mientras que la Asociación Azucarera afirma13 que “ha asumido la investigación científica… para aprender lo más que pueda acerca del azúcar, la alimentación y la salud” y que “siempre defenderá y respetará cualquier investigación científica completa y revisada por pares que les brinde observaciones”, en el mundo real, esta industria ha condenado o restado importancia a las evidencias de daño, a pesar de la abrumadora cantidad de pruebas al respecto.

Una vez que sabe cómo se juega este juego, comenzará a ver a los participantes en acción hacia donde sea que voltee.

Un ejemplo concreto: mientras crecen las inquietudes sobre la obesidad, Coca-Cola está cambiando su iniciativa de salud corporativa de la fallida promoción del ejercicio, de vuelta a la refutada idea de que “todas las calorías cuentan” y a que puede controlar su peso al contar sus calorías.14

Ambas estrategias eluden convenientemente la verdad de que beber menos soda, o nada en absoluto, mejorará su salud, incluso si eso fuera lo único que hiciera.

El hecho es que no puede comparar las calorías de un aguacate con las calorías de una soda, y a su vez reducir su consumo de alimentos nutritivos para hacerle un hueco a las bebidas azucaradas mientras mantiene un cierto recuento de calorías, no va a hacerle ningún favor a su salud.

Ahora que los consumidores occidentales están empezando a darse cuenta de que el azúcar es un importante promotor de la obesidad y salud deficiente, las compañías de soda también están considerando nuevos mercados donde el consumo de soda es bajo.15 Esto incluye a China, India y México.16

Error al Publicar el Proyecto 259 Como Posible Carcinógeno Enmascarado
Mientras Hickson aún trabajaba para la Asociación del Azúcar, surgieron estudios que sugerían que las calorías de azúcar eran más perjudiciales para la salud que las calorías de los carbohidratos almidonados como los granos y las papas.

Sospechó que este efecto podría estar relacionado con la manera en que los microbios intestinales metabolizan el azúcar y otros carbohidratos. Para investigar este vínculo, la asociación lanzó el Proyecto 259, con el fin de evaluar cómo los animales deficientes de bacterias intestinales responderían al azúcar y los almidones, en comparación con los animales con microbiomas normales.

La investigación fue dirigida por WFR Pover, un investigador de la Universidad de Birmingham en el Reino Unido, a quien se le pagó el equivalente a $ 187 000 en moneda actual, para realizar el estudio.

Los resultados iniciales, que fueron detallados en un reporte interno de 1969, demostraron que las ratas alimentadas con sacarosa produjeron niveles elevados de beta-glucuronidasa, una enzima asociada tanto con el endurecimiento arterial como con el cáncer de vejiga.

De acuerdo con el informe interno, “esta es una de las primeras demostraciones de una diferencia biológica entre la sacarosa y las ratas alimentadas con almidones”.

Pover también descubrió que la sacarosa tenía un efecto adverso sobre el colesterol y los triglicéridos, y que en realidad, este era el trabajo de las bacterias intestinales.

Aunque en la actualidad las investigaciones con animales tienen menos peso que en aquel entonces, la ley federal en ese momento prohibió los aditivos alimenticios que demostraron causar cáncer en animales.

Esto significa que, si esta investigación hubiera sido publicada en lugar de encubierta, podría haber tenido consecuencias muy serias para la industria azucarera. Como se señala en el artículo de Kearns:17

“La industria azucarera no reveló evidencia de daño en los estudios realizados con animales, la cual hubiera (1) fortalecido el caso de que el riesgo de padecer CHD [cardiopatía cardiovascular] a causa de la sacarosa es mayor que en el consumo de almidones y que (2) hubiera provocado que la sacarosa fuera analizada como un posible carcinógeno”.

La Industria Azucarera También Influyó en las Políticas Odontológicas
Un tercer informe que se basó en la reserva de Kearns de registros históricos revela que la industria azucarera también desempeñó un papel importante en la creación de las políticas odontológicas.18,19

Como resultado de esta colusión, las políticas dentales no solo minimizan el impacto que el azúcar y la comida chatarra procesada tienen sobre la salud dental, sino que también ignoran la naturaleza tóxica del fluoruro.

Así como defendió el azúcar en los alimentos al culpar a las grasas alimenticias, la industria azucarera se aseguró de que el azúcar no se convirtiera en un problema dentro de la odontología al desplazar la atención a la necesidad de fluoruro.

Según este documento,20 que fue publicado en PLOS Medicine en el año 2015, las interacciones de la industria azucarera con el Instituto Nacional de Investigación Dental (NIDR, por sus siglas en inglés) alteraron y reestructuraron las prioridades del Programa Nacional de Caries (NCP, por sus siglas en inglés) de manera significativa, mismo que fue lanzado en 1971 para identificar las intervenciones que erradicarían la caries dental.

Como se señala en el documento, “la industria azucarera no podía negar el papel de la sacarosa en la caries dental dada la evidencia científica.

Por lo tanto, adoptaron una estrategia para desviar la atención hacia las intervenciones de salud pública que reducirían los daños del consumo de azúcar en lugar de restringir su uso”. Esta estrategia de desviación de la industria incluyó:

Financiación de investigaciones sobre las enzimas con el fin de romper la placa dental, en colaboración con aliados de la industria alimentaria
Financiación de la investigación sobre una vacuna bastante cuestionable contra la caries dental. Otro objetivo de investigación fallido fue desarrollar un polvo o un agente que pudiera mezclarse o tomarse con alimentos azucarados con el fin de disminuir la destrucción de los dientes a causa de la bacteria Streptococcus mutans21
La formación de un grupo de trabajo con el objetivo de influir en los líderes del NIDR (nueve de los 11 miembros del Comité Directivo del Grupo de Trabajo contra las Caries del NIDR, encargados de identificar las prioridades de investigación del NIDR, también participaron en el Panel del Grupo de Trabajo contra las Caries Dental de la Fundación Internacional de Investigación Sobre el Azúcar)
Presentar un informe al NIDR, que sirvió como base para la solicitud de propuesta inicial emitida para el NCP
El Entorpecimiento de las Investigaciones por Parte de la Industria Podría Haber Afectado las Regulaciones Sobre el Azúcar
De las prioridades del NCP se omite cualquier investigación que pueda ser perjudicial para la industria azucarera, es decir, estudios que investigan el papel y el impacto del azúcar sobre la salud dental.

Aquí, como en el Proyecto 259, “la industria azucarera pudo entorpecer algunas investigaciones prometedoras que probablemente habrían sido la base para la regulación del azúcar en los alimentos”, dijo el coautor Glantz.22

Incluso hoy en día, Big Sugar se muestra reticente a la verdad, a pesar de las abrumadoras pruebas que demuestran que consumir azúcar en exceso—lo cual es parte de una alimentación con productos procesados–es un factor desencadenante de la caries dental.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS),23 las personas en los Estados Unidos y Europa necesitan reducir a la mitad su consumo de azúcar, con el objetivo de reducir su riesgo de desarrollar caries y obesidad.

Las recomendaciones de la OMS requieren reducir al 10 % la cantidad de calorías diarias que consume del azúcar, o menos, lo que equivale a unos 50 gramos o 12 cucharaditas de azúcar para los adultos. Según la OMS, lo ideal es que su consumo se encuentre por debajo del 5 %, lo cual es más acorde a mis propias recomendaciones.

El Etiquetado del Azúcar Está Pendiente Desde Hace Mucho Tiempo
Es probable que no veamos que eliminen al azúcar de la lista GRAS (generalmente reconocida como segura) a corto plazo, aunque probablemente merezca una reevaluación al tener en cuenta estas evidencias. Aún así, hay algunas buenas noticias.

En mayo del 2016,24 la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos finalizó sus nuevas normas de Información Nutricional y una vez que los cambios entren en vigor, los fabricantes de alimentos deberán incluir en sus etiquetas de información nutricional los azúcares añadidos en gramos y en forma de porcentaje del valor diario (en base a una alimentación de 2000 calorías diarias).

Enumerar el porcentaje de valor diario de azúcar en las etiquetas nutricionales, haría que fuera más fácil identificar los alimentos con alto contenido de azúcar y eso podría ayudar a frenar el consumo excesivo provocado por los azúcares “ocultos”.

Por desgracia, no veremos estos cambios hasta el 1 de enero del 2020. Los fabricantes con ventas anuales inferiores a los $ 10 millones tendrán un año más para acatar la norma.

La Industria del Azúcar Ha Perdido Toda Credibilidad Científica
Se han gastado grandes sumas de dinero y la integridad científica se ha quedado en el camino, para convencerle de que los azúcares añadidos son un nutriente “de primera necesidad” que pertenece a su alimentación, y que los problemas de salud como la obesidad, enfermedades crónicas y caries dental son causados por algún otro problema–ya sea la falta de ejercicio, demasiadas grasas saturadas o la falta de fluoruro.

Claramente, la capacidad de la industria azucarera para influir en las políticas de salud pública y las investigaciones nos han puesto en apuros, por así decirlo. En realidad es momento de aclarar la situación y dejar de buscar en la industria una fuente confiable de información sobre el azúcar.

Para obtener más información sobre cómo el azúcar afecta su salud, consulte SugarScience.org, un sitio creado por científicos de tres universidades estadounidenses para contrarrestar la propaganda de la industria, que es impulsada ​​por los beneficios económicos.

Este sitio web educativo25 le brinda acceso a investigaciones independientes que no han sido afectadas por la interferencia de la industria. Realmente, este tipo de investigaciones son la clave, y cualquiera que crea que los estudios financiados por la industria son igual de confiables se engaña a sí mismo.

Un ejemplo concreto: Un informe26 publicado en PLOS Medicine en diciembre del 2013 analizó cómo los intereses financieros influyen en los resultados de los ensayos destinados a determinar la relación entre el consumo de azúcar y la obesidad.

El informe concluyó que los estudios con vínculos financieros con la industria eran CINCO VECES más propensos a presentar una conclusión de “asociación negativa” entre el azúcar y la obesidad, en comparación con aquellos sin tales vínculos.

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