Gracita Barinas, 104 años y contando

Gracita Barinas, 104 años y contando

Ella es de San Cristóbal, nació el 8 de noviembre del año 1914. El pasado día 25, mientras me disponía a calentar la comida que quedó de la Nochebuena, recibí una llamada en el celular, era de Naya Pereira, la hija menor de doña Gracita Barinas: “Hola Altagracita, Feliz Navidad, mamá te quiere hablar”-está bien respondí- y del otro lado la voz de doña Gracita me dijo: “Te estoy llamando porque el día que me hiciste la entrevista se me olvidó decirte algo”.

“Es que aquí en San Cristóbal, existe una biblioteca que lleva mi nombre, es una gran biblioteca, contiene las obras de Juan Bosch que las donó su nieto Matías, y las obras de Joaquín Balaguer que las donó José Osvaldo Leger, no sé si lo conoces, pero fue una figura muy importante del gobierno de Balaguer y senador por esta provincia”.

Gracita Barinas es una mujer conversadora, con una memoria prodigiosa, capaz de sostener una conversación sin perder ni un solo instante el hilo de lo que expone. La Biblioteca con su nombre pertenece a la congregación de los adventistas.

A los 104, doña Gracita es testimonio viviente de gran parte de la historia del siglo pasado, es de lo que queda de esa memoria lúcida que debemos aprovechar para conocer parte de la cotidianidad de la segunda decena del siglo anterior.

Hablar con ella, es vivir en todo su esplendor el gobierno de Horacio Vásquez y la llegada de Trujillo al poder. En la entrevista que hicimos para un trabajo de la televisión (inédito todavía), doña Gracita tenía diez años cuando Horacio Vásquez llegó al poder y lo recuerda como el primer día. Dice ella que don Horacio visitaba mucho la ciudad, entonces muy rural, y que era amigo de un tío, quien logró que el presidente nombrara a su hermano en el servicio exterior. “Mi hermano no quería seguir trabajando en el ingenio con los Vicini, no es fácil trabajar en la caña”, precisa entre risas.

A los 98 años, doña Gracita, quien fue secretaria personal por muchos años del escritor Domingo Moreno Jimenes, escribió un libro sobre la vida del escritor, junto a los amigos Odalís Pérez y Douglas Hasbún.

Ella es muestra también de que los conocimientos son de una, y tiene acumulada en su prodigiosa memoria, las vivencias de todos los libros leídos, los viajes realizados, pero sobre todo los penosos recuerdos de la terrible Segunda Guerra Mundial durante la cual su hermano era embajador en Alemania y debió refugiarse en Portugal.

Cuenta que su madre preparó un banquete para esperar a su hijo que había anunciado su regreso al país y mientras tenían todo listo le llegó la noticia de que Trujillo lo había nombrado embajador en Portugal, o sea que la comida debieron repartirla sin el invitado.

Se define como republicana, al hablar de la guerra española. Dice que hizo mucha amistad con los refugiados de la guerra. Las guerras grandes marcaron el pasado siglo y ella como parte de él, conserva las cicatrices que les dejaron.

Como toda mujer, doña Gracita nos recibió en su hogar, con sus uñas pintadas de rojo, sus pies impecables y un discreto maquillaje, que lleva todos los días. Su habitación de muñeca es parte de las cosas que exhibe junto a un legajo de información sobre todo lo que trabajó en la vida a lo que atribuye su longevidad. “Sigue cocinando que se te queman los calderos”, me dijo antes de cerrar el teléfono.

 

Por Altagracia Paulino

Fuente: El Periódico Hoy

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