Faltan interlocutores válidos

Faltan interlocutores válidos

La década de 1970 fue muy marcada por la incertidumbre. Cinco años antes habíamos tenido la guerra de abril y el gobierno que había surgido en el año 1966,que se prolongó por 12 años, se mantuvo con la ayuda de los grupos militares que lo sostuvieron a sangre y fuego.

En el inicio de la década ocurrieron acontecimientos que ameritaron más de una vez la intermediación de personalidades para solucionar crisis, como la ida a embajadas de personas en busca de asilo político, así como revueltas en ciudades que requerían la intervención de personas creíbles que se comprometían a garantizar la vida de alguien que había optado por entregarse a las autoridades por temor a que le mataran o desaparecieran o a algún familiar.

Recuerdo que cuando comencé de reportera en mi pueblo natal, San Francisco de Macorís, había varios interlocutores que eran válidos porque las partes creían en que su intervención podría ponerle fin a la crisis.

Siempre una comisión mediadora lograba ponerle fin a paros y huelgas que habían sido declaradas de manera indefinida. Hasta yo misma, en mi calidad de reportera, integré varias veces comisiones negociadoras, junto con el doctor Almánzar, Luis Báez del Rosario y otras importantes figuras de la provincia.

Recuerdo a don Rafael Herrera, interlocutor válido por excelencia, que siempre era llamado y mediaba hasta solucionar conflictos.

Luego apareció la Iglesia, con monseñor Agripino Núñez Collado, quien por varias décadas fue el mediador en numerosos episodios de la historia reciente, igual que el Cardenal Nicolás López Rodríguez, cuyos pronunciamientos hacían reaccionar a la opinión pública.

Los rectores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, como Hugo Tolentino, don Julio César Castaños Espaillat, Jottin Cury, y periodistas como Radhames Gómez Pepín, entre otros, fueron interlocutores que intervinieron en la solución de algunas de las crisis del país.

En el plano internacional, algunos organismos fungieron como interlocutores y mediadores válidos, como el Tribunal de la Haya, el Tribunal Russel-cuya voz era respetada respecto a los crímenes de guerra-, algunas veces la OEA, la ONU o la Iglesia en algunas circunstancias.

Con el tiempo hemos ido perdiendo a los “interlocutores válidos”; muchos fueron personas que ya no están y el relevo no se crea, surge, como ocurre con los líderes verdaderos, y todavía no tenemos personas con la reciedumbre suficiente para ocupar el lugar que requiere serlo.

Un interlocutor válido debe ser una persona honesta hasta consigo mismo, creíble y con capacidad y equilibrio suficiente como para convencer a las partes de que el litigio puede tener solución sin que llegue a correr la sangre.

Para los conflictos políticos están los tribunales electorales, poco creíbles, porque siempre se alega que hubo fraude; en las luchas internas de los partidos se conjuga la máxima de que “en política no hay buenas ni malas intenciones, sino intereses”, y cada cual empuja por su lado y se emplean las mas burdas y bajas de las armas, impulsadas por igual tipo de pasiones.

Los organismos internacionales funcionan acordes con el país que más aporte a su sostenibilidad y responden conforme a ello. Tal es el caso de la OEA, cuya misión es servir a quien más aporta en ese organismo.

Creo que estamos en crisis de mediadores, de interlocutores válidos, que hacen mucha falta para contribuir con la solución de crisis y mantener la paz social.

 

Por Altagracia Paulino

Fuente: El Periódico Hoy

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