¿Está amenazada la democracia? Hay que defenderla

Por: Altagracia Paulino

 

El sistema democrático ha sido el más amigable para una humanidad que ha intentado probar con otras vías y ha tenido que volver a implementar el llamado “gobierno del pueblo y para el Pueblo”, del que se supone que las mayorías gobiernan a través de sus representantes.

Pero como el ser humano construye su propia cultura, el sistema no funciona igual en todas partes, por lo que existen modelos diferentes del sistema, los cuales varían justamente por las concepciones y los valores asumidos por los ciudadanos de cada país para garantizar un ejercicio del sistema, apegado lo más cerca posible a la perfección, donde la inclusión sea una norma vital.

En nuestro país la democracia es relativamente joven, apenas podemos contar los 57 años que han pasado desde el ajusticiamiento del tirano en el año 1961, lo que indica que todavía estamos pagando el noviciado, con errores graves, pero no insalvables, si tomamos como ejemplo países donde funciona.

Pese a que la democracia es la forma de convivencia con la que más se ha acomodado la humanidad, el sistema per se no es perfecto, pero el hecho de que el principio general establece que el gobierno lo debe elegir la mayoría de los ciudadanos, es en sí una ganancia, porque esos ciudadanos tienen también la potestad de legitimar o no al gobernante que han elegido.

A la democracia se le atribuyen muchos valores, entre ellos que es el gobierno de las mayorías, y sí, la mayoría elige, pero no gobierna, porque entre el poder político y económico se ha formado una alianza que impide que realmente funcione como está dictaminado.

En nuestro país, con una democracia joven, matizada por errores de crecimiento, existen varios tipos de amenazas, en la que se destacan las internas reflejadas por la falta de institucionalidad.

Si las instituciones no funcionan bien se atenta contra la democracia. No se necesita de acciones terroristas para atacar al sistema, el mal accionar de la administración, es sin dudas su principal enemigo.

No cumplir la ley ni hacerla cumplir hace vulnerable la democracia, no ofrecer los servicios de calidad que reclama la ciudadanía afecta la calidad de la democracia, no apoyar las instituciones es también una forma de amenazar la democracia y no utilizar los recursos humanos idóneos para el buen funcionamiento de la administración, atenta contra la democracia.

El hecho de que el nieto de Trujillo tenga como discurso que viene a “arreglar” el país, es porque nuestra democracia tiene huecos, reflejados en una deuda social que en vez de reducirse se ensancha, pese al crecimiento económico sostenido de los últimos años.

Somos una sociedad muy desigual y ese hecho hace vulnerable la democracia y una democracia vulnerada deja espacio para que se filtre un dictador o un gobierno populista. Los ejemplos sobran en América Latina.

De momento solo se me ocurre pensar que más que una mano dura necesitamos aplicar el mandato constitucional de construir el Estado Social y Democrático de Derecho. Que los políticos de todos los partidos pongan como eje esa construcción como la única fórmula para contar con una democracia de calidad que garantice la justicia social de la que se han divorciado las administraciones que hemos tenido después de la dictadura.

 

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