¿Cuándo tendremos una ciudad inteligente?

¿Cuándo tendremos una ciudad inteligente?

Para muchos la respuesta normal sería: cuando haya ciudadanos educados, comprometidos, conscientes, convencidos y unas autoridades igualmente identificadas con la misión que implica enrumbar hacia ese objetivo el espacio que ocupamos más de tres millones de habitantes entre el Distrito Nacional y la Zona Oriental.

La tarea parece muy difícil, dada las condiciones objetivas y subjetivas que se dan en el panorama actual, porque definitivamente no apreciamos ni asomos de lo que sería el inicio al menos de lo que implica esa visión, que vincula al país a compromisos contraídos con organismos que impulsan políticas para reducir la producción de CO2 y enfrentar el calentamiento global.

Solo vemos asomos de intención cuando apreciamos los “operativos” o “jornada” de recolección de desechos sólidos en las playas, en algunos barrios, los cuales se realizan como medidas de contingencias y para posibilitar la visibilidad de quienes lo realizan.

En las grandes ciudades llevan decenas de años utilizando los contenedores amarillos para los plásticos y metal y azules para el papel y el cartón. La clasificación de los desechos comienza desde los hogares, cosa que estamos a años luz y parece que le tocará a los “millennial” hacer lo que no hemos podido siquiera iniciar nosotros.

Para que haya una política enfocada hacia aplicar las 5 erres; reutilizar, reducir, reparar, reciclar y regular, debe haber una determinación del sector público y el involucramiento del sector privado, con la visión de que la utilización de esos conceptos es la vía para impulsar la economía circular o economía verde, que ya genera cerca de diez mil empleos directos en España.

Valoramos algunas iniciativas de pequeños grupos privados, de instituciones que hacen esfuerzos porque creen en lo que hacen, y el empuje de la voluntad de personas como la señora Gini Heinzen, que lleva años trabajando el tema del reciclaje, en una acción quijotesca que nadie le regatea por la constancia y dedicación.

La Unión Europea ha iniciado acciones determinantes como la descarbonización de la economía, la innovación tecnológica para mejorar la competitividad de la economía circular, todo enfocado a producir, consumir y gestionar residuos.

Es toda una revolución, donde ha aparecido el reciclaje 5.0, una iniciativa desarrollada en “The Circular Lab”-el Centro de Innovación sobre economía circular en Europa- que busca conectar al ciudadano con el contenedor para movilizarle a reciclar más y mejor. Por medio de gratificación el ciudadano obtiene “reciclos” por cada lata o botella que recicla; son puntos que puede cambiar por servicios relacionados con la sostenibilidad.

Esta idea tiene el propósito de que el contenedor deje de ser solo el lugar donde depositar los envases y se convierte en una base de datos para la administración e impulsor de buenos hábitos vistos hacia la sostenibilidad.

Reciclaje 5.0 es conocido como “un proyecto disruptivo” con el que se propone el cambio necesario para avanzar hacia un modelo de ciudades inteligentes en la que la tecnología de punta se aplica a los procesos de recogida de residuos.

Para que sea posible las empresas deben participar y ver en los residuos y su reciclaje la materia prima de la economía circular. Es una revolución económica sostenible, es lo novedoso por el impacto positivo en la reducción del CO2, que debe ser total dentro de 11 años, según advierten técnicos asesores de la ONU, para evitar el calentamiento del planeta.

Se ha dicho mucho, pero queremos ver acciones que indiquen la determinación de que se haga, al menos que las administraciones locales-ayuntamientos y sus respectivos alcaldes- estén convencidos y convenzan también.

 

 

Por Altagracia Paulino

Fuente: Periódico Hoy