No existe desastres naturales, sí vulnerabilidad social

No existe desastres naturales, sí vulnerabilidad social


La naturaleza se ha manifestado igual desde siempre, los que hemos cambiado somos esa parte de ella, los seres humanos, que con el afán de transformarla hemos distorsionado en parte la visión que debemos tener frente a ella.

Las tempestades, las sequías, los incendios forestales, los terremotos y otras formas de expresarse los fenómenos naturales han existido desde siempre y el ser humano ha desarrollado herramientas para mitigar los efectos de esos fenómenos.

Los huracanes que han afectado el país han motivado un tipo de construcción de viviendas a base de concreto para hacerlas resistentes a los huracanes y de igual manera se regula para mitigar los daños por posibles terremotos.

En los países con gran intensidad sísmica como Chile, Japón, Indonesia, California, México y otras zonas, las viviendas se construyen tomando en consideración a estos fenómenos que ocurren, pero se reducen los daños a los humanos y las ciudades afectadas se les llama “ciudades resilientes” porque la vida sigue, debemos fijar la idea de ese propósito.

En la historia reciente del país se tienen registrados cinco huracanes que han causado grandes daños como son el San Zenón, el 3 de septiembre de 1930, el de mayor destrucción por las características del tipo de vivienda de la época a base de madera y zinc, el Inés el 29 de septiembre de 1966, David el 31 de agosto de 1979, el George, 1998, y la tormenta Noel el 28 de octubre del 2007.

En la entrega de la semana pasada nos decantamos por las tormentas y los huracanes como fenómenos naturales menos malos que la sequía y alguien ripostó que las personas que viven en zonas vulnerables sufren mucho y le respondí que la forma de contrarrestar esos efectos era con la construcción de viviendas dignas y seguras.

Otras personas me han dicho que invoque a Dorian, pero se olvidan que desde el primero de junio al 30 de noviembre vivimos la época de huracanes y que, desde hace dos años, 2017, fuimos solamente amenazados por Irma y María, este último dejo al descubierto la vulnerabilidad de la isla de Puerto Rico.

En el 2018 no hubo huracanes ni tormentas que representaran peligro lo que dio lugar a la sequía que vivimos en la actualidad, la que a mediado de año había dejado grandes pérdidas incluyendo la muerte de mil doscientas reses en la región noroeste y la terrible desaparición del Salto de Limón en Samaná, para mostrar dos ejemplos registrados en los medios de comunicación, sin contar que muchos ríos solo tienen piedras porque agua no llevan en sus cauces.

Hay que destacar la escasez de agua en la mayoría de los acueductos, de manera que, si no cae lluvia suficiente, tendremos graves problemas con el suministro de agua potable y ya se habla de algo bastante previsible como la construcción de más presas, sobre todo en regiones donde llueve con más frecuencia en lugares como Hato Mayor, El Seibo, Miches, Samaná, donde no existen reservorios.

La desaparición del Salto del Limón ha dejado sin empleo a más de dos mil personas, mucha de ellas dedicadas a las visitas guiadas de turistas, más de 15 paradores y los dueños de caballos y mulas que transportaban a los guías.

Los huracanes avisan cuando vienen, por su intensidad podemos predecir más o menos los daños; duran pocas horas, dejan agua y experiencias. Pero la vulnerabilidad social la naturaleza nos la enrostra, como la pobreza, la desigualdad, la marginalidad, la exclusión social y la pobre gestión ambiental, que si son desastres.

 

Por Altagracia Paulino

Fuente: El Periódico Hoy